Crisis y cambio: el derecho abraza la tecnología

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Crisis y cambio: el derecho abraza la tecnología


10 septiembre 2020
   

Autor/Fernando Ruiz Astete: Abogado, Universidad de Concepción. Máster en Informática y Derecho, Universidad Complutense de Madrid. Profesor de Derecho Civil, Universidad UNIACC y de Derecho de las Nuevas Tecnologías.

A mediados del siglo XIX el comodoro Perry, un marino estadounidense, llegó a las costas japonesas con cuatro modernos barcos de guerra y obligó al Gobierno del Shogún a abrir sus puertos a los barcos extranjeros y a la influencia occidental. Puso así término a 250 años de aislamiento decretado por los gobernantes de ese país y dio comienzo al doloroso proceso que sacaría a Japón de la edad media y lo lanzaría al mundo moderno, con todas sus luces y oscuridades.

Aquella fue una clásica situación de crisis, en que los gobernantes de Japón tuvieron que adaptarse y aceptar dolorosos cambios que una fuerza militar extranjera moderna y poderosa, les impuso. Así, como nos explica el historiador Jared Diamond, esos gobernantes enfrentaron una crisis, un verdadero momento de la verdad, un punto de inflexión en el que la diferencia existente entre las condiciones que se observan “antes” y “después” de dicha crisis es mucho mayor que la que se puede observar entre los “antes” y los “después” de simples momentos que no constituyeron crisis. Los japoneses debieron enfrentar la necesidad de cambiar sus instituciones y su forma de ver y entender el mundo de una manera que podríamos calificar de traumática.

Si aplicamos estos conceptos a la actual pandemia de Covid19, sin duda vemos que nos enfrentamos también a una crisis traumática en que aparecen marcados un “antes” y un “después” en variados ámbitos de la vida nacional. Un ejemplo de ello se puede observar en el ámbito jurídico procesal, donde principios y trámites que eran intocables, como la presencia personal de las partes y sus abogados en las audiencias civiles o penales ante tribunales o los alegatos ante Cortes de Apelaciones y Corte Suprema, ahora se están llevado a cabo de manera remota mediante teleconferencia.

Cambios como estos, verdaderas adaptaciones a una crisis, han logrado mantener el quehacer de un poder judicial que no puede sufrir detenciones. Aunque convengamos que ha sido gracias a que la tecnología necesaria estaba disponible. Así, por ejemplo, ya existía una amplia base de redes informáticas que pudieron soportar, aun con altibajos en algunos casos, el aumento explosivo del tráfico de datos. Por otro lado, los particulares tenían en sus manos teléfonos inteligentes o computadores que han hecho posibles las videoconferencias. Pero lo más importante de todo, los usuarios estaban maduros para enfrentar el cambio con estas nuevas herramientas y, aunque con algún sufrimiento, lo han logrado.

Curiosamente, entonces, el problema hasta ahora no es la tecnología disponible, sino la voluntad de los actores jurídicos -tribunales, abogados, poder legislativo- para utilizar estas herramientas y, finalmente, producir un cambio que estimamos se volverá permanente. Así, hoy es usual que los operadores jurídicos apuesten a que las cosas no se volverán a llevar de la manera antigua: es decir, el “antes”, se volverá historia y no habrá marcha atrás.

Sin embargo, aunque se ha expresado esa voluntad positiva al cambio, en algunos campos del quehacer jurídico queda mucho por hacer. Así, por ejemplo, urge dar un impulso adicional al proyecto de ley que moderniza la ley 19.799 sobre documentos y firma electrónicos a fin de darle a esas instituciones el lugar preeminente que en los hechos ya ocupan en la vida jurídica, pero que nuestra legislación aún no les reconoce a cabalidad. Ejemplo claro de este problema es la reciente limitación que la Corte de Apelaciones de Santiago ha impuesto a los notarios para autorizar a distancia instrumentos privados.

Por otro lado, el periodo posterior a la crisis traerá cambios, en términos de acercar desde ya a los futuros juristas a los problemas y desafíos que las tecnologías informáticas plantean al Derecho. Una completa comprensión de los aspectos tecnológicos involucrados y su articulación con el quehacer jurídico es parte de la formación académica que entrega la Escuela de Derecho de Universidad UNIACC a sus estudiantes, a partir de la incorporación de contenidos asociados al Derecho informático en la malla curricular de la carrera. Lo anterior, con el propósito que nuestros egresados cuenten con los conocimientos, habilidades y saberes para enfrentar un escenario jurídico actual muy distinto al anterior en sus formas, pero que mantiene y exige a los profesionales la meta de dar a cada uno lo suyo.

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